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Neverland, Spain
Serendipity es la palabra.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Microrrelato

Imagínate una noche de verano, son las cuatro de la madrugada y volvemos por las calles ya vacías mientras nos tambaleamos, riendo, caminando torpemente, picándonos después de una noche de varias cervezas. Me acompañas hasta mi portal y como siempre nos sentamos para abrazarnos y divagar a la luz de las farolas de mi calle... la cantidad de momentos que han tenido suerte de observarnos vivir...

La lengua nos pesa por culpa del alcohol, el aire es pesado porque es agosto y ya llevamos grados de más en el cuerpo como para sudar sin ayuda, pero no nos basta; no me basta, los besos de portal son los que saben mejor, así que sin pensarlo demasiado me lanzo a morderte la boca, tú, que ya estabas preparado para el ataque me agarras del cuello y me aprietas contra tu cuerpo. Noto como tu mano se va resbalando de mi espalda a mi cintura, de mi cintura a mis piernas, de mis piernas a...
No podemos más –en verdad nos pueden las ganas– tras unos cuantos intentos consigo abrir la puerta y torpemente conseguimos superar el primer tramo de escaleras, en la oscuridad puedo notar como me sonríes con malicia:

 "–¡¡SHHHHH!! ¡¡NO, NO ENCIENDAS LA LUZ!!"

Nos carcajeamos y hacemos un intento de evitar que alguien nos pueda escuchar pero el eco de la escalera nos delata... nos da absolutamente igual, estamos demasiado cachondos como para preocuparnos por eso.
Ya está bien de tanta espera; de un empujón te siento en las escaleras... es una de esas noches en las que tengo ganas de mandar un poco y por lo que parece tú no vas a negarme tal privilegio.
Con un poco de torpeza pero con las mismas ganas me consigo deshacer de tu cinturón, y desabrocho el botón de tus pantalones, poco a poco bajo la cremallera. Te beso con ganas, con fuerza, con lengua, con calor. Y empiezo a acariciar poco a poco lo que va creciendo desmesuradamente dentro de tu pantalón. Tu respiración se acelera cada vez más y te muerdo el cuello con ganas. No puedes más y te la sacas del pantalón, tanta tortura te supera. Me acaricias jugando por debajo de mi camisa me pides que me la desabroche y acabo por ponerla sobre el montón de ropa donde yacen ya todas tus prendas. Seguidamente pasan a formar parte mis pantalones, mi sujetador, mis bragas... todo lo que queda en medio de nosotros dos.

Me pongo te rodillas. Me coges fuerte del cuello porque ya sabes lo que te espera...bajo suave y delicadamente con la punta de mi lengua por tu ombligo–me gusta torturarte– y empiezo delicadamente a lamaterte suave, juego con mi lengua, dibujo círculos, escribo palabras –más toruta– y en un descuido me la meto entera. Se puede oir el eco del gemido que no has podido evitar dejar ir...como me pone. Y te la como rápido, a lo bestia, a lo guarro, a lo película porno, y empiezo a dudar quien se lo está pasando mejor... tienes que pararme para no correrte en mi boca, me cambias el sitio y me metes directamente dos dedos porque no hace falta ni jugar conmigo para que entren, me encanta notar tu sonrisa siempre que haces eso... no puedo más y esta vez acabo por suplicarte en susurros que me la metas ya. Y lo haces. Me tapas la boca para que mis gritos no hagan eco como los tuyos de antes y puedan pillarnos. Y me follas lento, me la metes entera. Me tocas. Te araño toda la espalda, no puedo quiero evitarlo. Empiezas a follarme cada vez más y más rápido, estás a punto y antes de que te corras te agarro fuerte de la espalda susurrandote al oído que te corras dentro, que quiero sentirlo.

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