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Serendipity es la palabra.

lunes, 23 de julio de 2012

Cuentacuentos que curan heridas.

Érase una vez una chica de pelo rojizo que sobrevivía a base de canciones, sueños y pequeños detalles del mundo en el que vivía-mundo piruleta- , le gustaban los dinosaurios desde el día en que eligio las galletas con forma de T-Rex para merendar diariamente en parvulitos, le gustaban los libros que hacen llorar de boniquez, los cuentos de princesas, los tiburones gigantes, pintarse las uñas de colores, el olor a café y el sabor del chocolate, le gustaba escribir frases en sus converse para sonreír al mirarse los pies-esos pies diminutos de ayudante de Santa Claus-le gustaba soñar.
Pero un día ese mundo dulce perdio su sabor y se destiñió, esos colores que antes gritaban felicidad se volvieron calladitos y grises, y ella perdio las ganas de soñar, se puso triste, muy triste, tan triste que tenía pesadillas que le hacían temblar y volverse más pequeña. Tenía miedo. Y los monstruos aprovecharon para invadir su mundo y conquistarlo con intención de quedarse.

Pero entonces, como en todas las historias, paso algo que lo arregló todo.

Apareció un chico con antifaz de mapache y salvó a la chica dinosaurio de las noches tristes, le hizo compañía y le contó cuentos que hicieron que volviera a querer soñar-despierta y dormida- resulta, que este chico se convirtio en un desconocido (durante muy poco tiempo) con el que compartir su insomio. Era un chico valiente y su espada mató todos los monstruos que habían ocupado el mundo de la chica tímida de ojos camaleónicos, devolviendo así los colores a su mundo y la magia que le faltaba; y cómo no, las ganas de soñar, aunque prefería estar despierta, pues no había sueño más mágico que mirar las estrellas en compañía del chico de mirada valiente.

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